lunes, 26 de agosto de 2013

Mis hijos

Adoro a mis hijos.

Y ellos me adoran a mí.

Qué gran verdad que madre solo hay una. (Aunque he de confesar que, en mi familia, es igualmente cierto que padre solo hay uno).

El amor que te irradian es tan grande y tan puro. Es divino.

El viernes me operaron de una hernia umbilical y llevo metida en la cama casi tres días, levantándome lo justito para no sobrecargarme.

Desde la víspera a la operación, les expliqué a mis titines (tienen 8, 6 y 4 años) que me iban a operar el ombligo y que no iba a poder cogerlos ni me podrían tocar la tripita porque tendría puntos y me dolería.

Lo han entendido a la perfección.

Desde que volví del hospital el mismo viernes por la tarde, vienen cada dos por tres a mi habitación a darme abrazos en los pies, en el hombro, donde pueden; a tumbarse en la cama conmigo a ver la tele; a contarme las mil y una historias sobre los "fascinantes" juegos de la Nintendo y del iPad; a traerme dibujitos para que los recorte y los coloree y no me aburra.

¿Son o no son ideales?

Y ya desde ayer domingo, me están llegando aún más al corazón si puede. Me dicen que me echan de menos y que se mueren por darme un abrazo fuerte, en condiciones...

Me los como a los tres. Son mis tres soles.

Yo también me muero por darles un achuchón gordo, gordo...


No hay comentarios:

Publicar un comentario