¿Soy una inmadura?
Me temo que sí...
Mientras estaba tirada en la cama, como estos últimos cuatro días gracias a la recuperación en la que me veo inmersa después de operarme de una hernia umbilical, ha sonado el telefonillo.
- Otra vez mi mediano, no puede ser. Le acabo de explicar por enésima vez que me cuesta infinito levantarme de la cama y llegar hasta la puerta, y ¡aquí le tengo otra vez! - voy refunfuñando mientras me sujeto la tripa con una mano, apoyo la otra en la cama y me levanto retorciéndome - ¡ya voy! - grito, sabiendo que no puede oírme.
Después de oír timbrar el telefonillo por lo menos diez veces, y os juro que mi casa es pequeña, por fin alcanzó el auricular.
- ¿Sí, Chicho, qué quieres esta vez? - pregunto segura de que es mi mediano el que espera impaciente a que le responda.
- Mami, ¿puedo subir?
- ¿Otra vez?
- Mami, es que es un secreto de familia, te tengo que contar una cosa.
En fin, pulso el botoncito de la llave, abro la puerta de la casa y me voy dirigiendo nuevamente a mi habitación con la certeza de que antes de que yo llegue a mi objetivo, mi hijo habrá subido y me adelantará.
- Mami, ¿sabes la mamá de María? ¿Tú la conoces?
- Eh..., sí. María... con la que juegas a veces...
- Sí. Pues me ha dicho "¿tú eres muy pesado, no?".
Y ahí me quedo yo, sumergida en los brillantes ojazos azules de mi Chicho, con cara de "¿qué??????"
- ¿Sí?, eh... - titubeo-. Pues, qué te parece si nos reímos de ella. Jajaja.
La expresión de Chicho se relaja. Me mira sorprendido.
- Sí. Nos reímos de ella - dice. Aunque no entiende nada.
Sin saber cómo salvar la situación y cómo evitar que por mi boca saliese algún sapo referido a la simpática madre, le he preguntado qué ha pasado, que cómo habían llegado a esa situación.
Chiquilladas. Obviamente chiquilladas.
Que si María me tira la toalla a los arbustos, que si yo me chivo a su madre (sí, también me ha tocado dar charla sobre lo de chivarse), y que si su madre va y le dice "¿tú eres muy pesado, no?"
Y, ¿cómo reacciono yo?, ¿eh?, pues diciéndole a mi hijo que nos riamos de ella.
Luego lo intento arreglar y le echo un rollo tipo: Pero no delante de ella. "Pobrecita". Nunca hay que reírse de nadie.Solo nos reímos porque es una tontería. Y no hay que contestar a los mayores. No tiene importancia. Pero, tenlo claro, "pesado" solo te lo podemos llamar mamá y papá.
- ¿Y mis hermanos?
- También.
- ¿Y mis amigos pero no para meterse conmigo sino para que pare?
- También, también.
Creo que ha captado el mensaje. Ese mensaje que he mandado por un laberinto retorcido. Menos mal que es listo, ¡uf!
Pero yo me sigo preguntando: ¿qué es lo primero que le he dicho? ¿Será efecto de los calmantes y el sedentarismo en el que estoy viviendo? ¿¿Ha sido una reacción inmadura??

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